Una vida de carnaval:

Mariana y Ramón Pintos

La familia Pintos es una de las citas obligada, para todos aquellos que quieran acercarse a la historia del Carnaval Minuano. En esta oportunidad conversamos con dos de sus integrantes: los hermanos Mariana y Ramón, alma de la Comparsa "Candominas".

¿Cómo nace la pasión por el Candombe?

Mariana: en casa, desde niños, mis hermanos mayores tuvieron sus propios tambores, los varones tocaban y las mujeres bailaban. Mamá nos enseñaba a bailar, a movernos con gracia, sintiendo en el corazón los sonidos de la raza. Recuerdo que cuando le pregunté cómo había aprendido bailar, me contó que mis abuelos no la dejaban participar en carnaval, pero como vivía en Montevideo se escapaba a los ensayos de la comparsa del barrio y a escondidas bailaba. Mis tíos tocaban en diferentes murgas pero cuando venían a Minas, todos juntos hacían Candombe.

¿Dónde comienzan las primeras actuaciones?

Mariana: en el corso barrial con el grupo infantil de La Filarmónica.

Ramón: yo era escobero. Ruben Abreu me enseñaba y yo hacía lo que podía.

Mariana: yo era la única bailarina pegada a los tambores, tenía 6 años. Participé 2 ó 3 años en el grupo.

Ramón: le siguió la murga “Nueva Ola”, tocaba el redoblante.

Mariana: era vergonzoso y chiquito (risas)

Ramón: la murga fue fundada por Benjamín Amaral, el popular "pelado"

¿Cómo se va dando tu vida como músico?

Ramón: toqué con la murga "Los Titulados" que obtuvo varios primeros premios en carnaval. Tambien participé en la murga "La que faltaba", y luego pasé a la Scola do Samba "Velo Maneiro". En ella bailaba Mariana. A los 14 años me integré a la orquesta "Fantasía tropical", allí fue donde Nancy Charquero me enseñó a tocar las tumbadoras. Pasaba horas conmigo marcándome los golpes en ese instrumento, hacerlos en el tiempo era otra historia (risas). Pasé por varias orquestas de música tropical. Mi referente musical más importante fue, sin lugar a dudas, Julio Coto. En esos tiempos, hablo simplemente de 15 años atrás, el Candombe no tenía la jerarquía que hoy tiene; no estaba bien visto ni tocar el tambor, ni bailar para las mujeres.

Mariana: armar una comparsa seriamente y darle el valor de una manifestación cultural propia de nuestra raza, no ha sido tarea fácil, pero paso a paso lo hemos ido logrando.

¿Cuándo les parece que se comenzó a valorizar a las comparsas en nuestro medio?

Ramón: sin duda "Hilos de Luna" marcó un antes y un después. Fue la primera que se preocupó (en serio), por el vestuario, tuvo un jefe de cuerdas que guiara el toque y fue la que integró a un tipo de gente que antes no se vinculaba con el Carnaval. Hoy se ha logrado abrir el Candombe a todos aquellos que lo sientan de verdad. Una herramienta importante han sido los talleres. A través de ellos se brinda la posibilidad de aprender a tocar y de conocer los roles de cada uno de los integrantes de una comparsa, teniendo la posibilidad de participar en ella de diferentes maneras.

Para terminar: ¿Cómo se llega a Candominas?

Ramón: creo que como en todos lados, nacen comparsas al desarmarse otras. Candominas surge tiempo después de desaparecer "Hilos de Luna", pero con nuevos integrantes y con otra idea de participación. Lo que le da vida e identidad a Candominas, es el grupo, no son las individualidades lo que importa sino la armonía que logre la comparsa como un todo. No solo pensando en el espectáculo, sino como grupo de personas, que se respetan y se sienten bien compartiendo una misma tarea

Mariana: si bien nace por la inicativa de un grupo de amigos que apuestan por el Candombe, la comparsa ha ido creciendo y madurando con los aportes de todos, las ideas compartidas, a veces como muy locas, le van poniendo alma a Candominas, siempre con el sueño de mostrar una identidad minuana que enamore en todo el país.

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